José Luis G. Coronado, “El Coro”, no se ha vuelto complaciente con los años. Más bien piensa que hacen falta insultadores en la vida española, al menos como lo fue el escritor José María Vargas Vila, que incendiaba con su verbo cuanto fuera necesario. Este autor es uno de los muchos citados en la última novela del escritor de Cuéllar, “El rastro de la culebra”, editada por ExLibris.
Jenofonte | Periódico cnt
Inspirado el título en uno de los versículos del Libro de los Proverbios, en el que se a rma que se desconoce la huella de la culebra sobre la roca, el autor dejaentrever cierta desesperanza cuando asegura que nadie deja huella, sólo se van dejando las huellas de las camisas, de los cambios de ideas, pero al nal la gente palma y se acaba la historia. En este libro hay cierto sinónimo de la vida como derrota, porque la gente muere, la vida es un tránsito, no hay premio, se vive, se padece y se acabó. No hay más. En la anterior novela, “Los frágiles días”, sin embargo, utilizo claves como la compasión, compartir con el otro, términos que la Iglesia Católica ha enajenado como nadie creyendo que eran suyos.
Frente a la historia de los vencedores
Cuando andamos saturados de literatura histórica cae en nuestras manos la quinta novela de González Coronado y nos sorprende sobremanera que en ella algunos de los protagonistas sean viejos conocidos del mundo libertario y cenetista. Antiguos compañeros que lo fueron del autor durante sus muchos años de militancia en los sindicatos anarcosindicalistas. En su casa se guardan los libros atesorados durante años, viejas revistas libertarias de las que fue promotor, como “Adarga”, al mismo tiempo que cuelga de sus paredes la llamada a la lucha en uno de los carteles históricos de la CNT durante los Primeros de Mayo.