Ha muerto el compañero Heleno Saña Alcón

Es paradójico que en un mundo tan tecnificado y llamado de la comunicación se den situaciones de incomunicación. Cualquier correo electrónico que se le remitiera a Heleno era respondido unas […]

Es paradójico que en un mundo tan tecnificado y llamado de la comunicación se den situaciones de incomunicación. Cualquier correo electrónico que se le remitiera a Heleno era respondido unas horas después o a lo sumo al día siguiente. A finales del año pasado dejó de contestar. Algo extrañísimo después de tantos años de correspondencia. Como disponíamos del correo electrónico de su hija Cristina, le preguntamos por su padre. El servidor nos lo devolvió indicando que esa dirección ya no estaba operativa. ¿Qué podemos hacer? Ha transcurrido casi un año y no sabemos nada del querido compañero. ¿Qué habrá pasado? Ahora vemos en la Wikipedia que en su nota biográfica cita que ha fallecido el 23 de agosto; un par de semanas antes de cumplir los 96 años. No hay más noticias.

La primera vez que algunos supimos de Heleno fue a través de un programa de televisión que dirigía y presentaba José Luis Balbín, La clave. Se abordaba un tema, se ponía una película que tuviera alguna relación con el asunto y después había un debate hasta altas horas. Podía empezar a las ocho de la tarde y ser más de las doce cuando se cerraba la emisión. En uno de ellos apareció Heleno. Decía cosas muy interesantes y comprometidas; algunos compañeros decían que podría ser libertario. Sorprendentemente, cuando el tema del que se va a hablar es el anarquismo, figura entre los participantes en el debate con Federica Montseny y Fernando Montero, dos compañeros de la CNT.

La clave era un programa incómodo para todos los gobiernos, de uno u otro signo, y unos u otros acabaron suprimiéndolo. Su lema, «Hablando se entiende la gente», era muy incómodo. Como anécdota podemos decir que posiblemente Heleno fue el invitado que más veces asistió a los debates.

Hijo de Juan Saña, un conocido anarcosindicalista de la CNT que se exilió a Francia para no hacer el servicio militar (era antimilitarista y pacifista) y sobrino de Marcos Alcón (hermano de su madre), escuchaba desde muy niño los debates que había en su casa entre significados cenetistas. Finalizada la guerra, el padre acabó en la cárcel y su tío se exilió a México, de donde nunca regresó.

Nacido en Barcelona en 1930, en los años 50 se traslada a Madrid y empieza a colaborar en la prensa de la época, diario Pueblo, Índice, Tiempo nuevo, Juventud, y ya en los 60, en Cuadernos para el diálogo, fundada por Joaquín Ruiz-Giménez. En 1959 se traslada a Alemania a vivir con su compañera Gisela y con el ánimo de profundizar y estudiar filosofía, que siempre le apasionó. Sus ensayos son numerosísimos, fundamentalmente sobre teoría social y política, la mayoría en español, pero también en alemán. Su obra Die verklemmte Nation, un estudio sobre Alemania que fue un best seller en el país teutón en la década de los noventa y lamentablemente nunca traducido al español, ni siquiera fue noticia en la prensa peninsular. Publicó varias obras en Zero-Zyx, una editorial donde confluían anarquistas, cristianos de base y marxistas que dio a conocer temas sociales y políticos durante la dictadura franquista.

Escribió mucho, no contamos aquí con espacio para citarlos todos, y tiene algún libro que aún sigue inédito: La dictadura de Franco 1936-1975, que intentó publicar sin éxito.

Heleno, M. Carlos, Floren, Madrid 2015

Con el Covid todo cambió, también empezaba a pesar la edad. Los correos electrónicos nos mantenían en comunicación. Nos hacía llegar los libros que editaba y que reseñábamos para darlos a conocer.

Personalmente le conocimos en los locales de la CNT de Madrid ya en los años 90, y muy estrechamente cuando la editorial Laetoli le pidió que escribiera un libro sobre la revolución española, para el que necesitaba numerosos documentos de los conocidos como archivos de Ámsterdam, cuyos microfilmes teníamos en la Fundación Anselmo Lorenzo y solicitaba que le facilitáramos. A raíz de entonces se estableció una estrecha amistad. Cada vez que venía a Madrid, nos lo decía y le invitábamos a casa a comer o cenar y teníamos tertulias más prolongadas que en La clave.

Era hombre afable, sencillo en el trato, profundo en el conocimiento, cariñoso, respetuoso, sabía escuchar con paciencia, tolerante, pero nunca callaba lo que tenía que decir, con buenas palabras, pero contundente y radical. Se podrían contar numerosas anécdotas de su intensa y larga vida. Una de las muchas que nos llamó a atención: tras la guerra, el nombre Heleno, según le dijeron, no estaba en el santoral y la Iglesia no lo aceptaba. Como no estaba bautizado, algunos niños tuvieron problemas y les cambiaron el nombre en el registro. Humillante. Curiosamente, san Heleno existe, pero los católicos de entonces que intervinieron, lo ignoraban. Patético.

Bueno sería que se hiciera un estudio de su obra, tema interesante para una tesis doctoral.

Texto escrito por compañeros de la FAL, durante los años 1992 a 2005.

Algunas breves intervenciones del compañero en La clave:

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