Milicianos y milicianas custodiando la ermita de San Antonio de la Florida decorada por Goya
Keystone Universal
Cada vez que los medios de comunicación y buena parte de los historiadores vuelven la vista al periodo del último gran conflicto armado de nuestro país es difícil encontrar un reconocimiento positivo a la labor de los y las anarquistas del momento. En la inmensa mayoría de los casos simplemente se ignora su existencia: todos eran republicanos y defendían las libertades democráticas del gobierno establecido legalmente. Eso sí, cual “anarquista de Schrodinger”, las columnas de la CNT y la FAI aparecen de forma brillante si se trata de adjudicarles cualquier crimen o latrocinio.
De este modo, mientras se ignora la socialización de la industria, la colectivización de la tierra, la alfabetización o la educación igualitaria, no pocos han intentado atribuirnos los hechos más obscenos. Desde Paracuellos (a pesar de estar constatada la responsabilidad del PCE), la persecución y exterminio de todo religioso (se llegó a afirmar que se hacían chorizos con las monjas en contra de toda evidencia e inteligencia) o la destrucción del patrimonio cultural (fuese religioso o no), muchas han sido las piedras cargadas sobre la mochila de un movimiento libertario (CNT, FAI, Juventudes Libertarias y Mujeres Libres) que sin embargo aguanta con nota alta una revisión ética de su comportamiento.
Y para recordar la protección que se brindó a ese patrimonio cultural amenazado, la Fundación Anselmo Lorenzo ha elegido esta fotografía como documento del mes. Procedente de la agencia Keystone, en ella podemos ver a milicianas custodiando la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, cuyo interior contiene frescos realizados por el pintor Francisco de Goya. Este comportamiento no fue algo aislado, sino que aquellos militantes tuvieron en general muy claro cuándo se trataba de obras de arte de valor para la cultura histórica y popular, y cuándo se trataba de propaganda católica cutre. Tan cierto fue la demolición del cristo del Cerro de los Ángeles como la protección de las obras del Museo del Prado o las del Palacio de Liria, incluyendo obras de Velázquez, que pusieron en riesgo los fascistas provocando un incendio con sus bombardeos.
Este tipo de documentos, como el que nos ocupa este mes, ponen en entredicho la propaganda franquista elaborada incluso por la Conferencia Episcopal del momento, en la que se hablaba de destrucción generalizada del patrimonio religioso e histórico: «La revolución fue “bárbara», en cuanto destruyó la obra de civilización de siglos», decían. «Destruyó millares de obras de arte, muchas de ellas de fama universal[…]. Hasta el Arco de Bará, en Tarragona, obra romana que había visto veinte siglos, llevó la dinamita su acción destructora. Las famosas colecciones de arte de la Catedral de Toledo, del Palacio de Liria, del Museo del Prado, han sido torpemente expoliada». Nunca está de más recordar las mentiras que contaron a medio mundo en su Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España. Cualquiera puede visitar el Arco de Bará, en perfecto estado de conservación, o las obras que salvaron las milicias anarquistas del Palacio de Liria o del Museo del Prado, donde también participaron en el famoso traslado para poner a salvo la mayor pinacoteca del mundo en ese momento de las bendecidas bombas franquistas.
Recordamos pues y honramos con esta fotografía a todos y todas aquellas que en momentos tan difíciles pusieron en práctica aquella máxima de Reclús: la anarquía es la más alta expresión del orden.
Julio Reyero