Reseñas

Poesía del destierro

Campio Carpio

 

¿Y quién conoce a Campio Carpio? Yo no hasta que su título me detuvo en el archivo de la Fundación Anselmo Lorenzo y me lancé por él para echarle un vistazo. De nombre Campio Pérez Pérez, era bastante conocido entre los compañeros de la Fundación; precisamente ahora que una compañera estaba describiendo una documentación relacionada con él y cuya labor a buen seguro traerá algo de luz sobre el desconocimiento de este español que se escribía con la Montseny o con Juan Larrea y de quien la mayor parte de lo que nos llega es a manera de memoria más vivida que documentada.

 Campio nace y crece en un Vigo de principio del siglo XX con una incipiente industria y un movimiento anarquista significado en la época, con nombres como el de Ricardo Mella y unas condiciones sociales y laborales que eran caldo de cultivo para la expansión de nuestro movimiento. Debido a los llamamientos a filas para la guerra de Marruecos, decide embarcarse hacia Hispanoamérica de donde nunca volverá. Corría el año de 1919.

 Nos llega del escritor y periodista Luis Di Filippo, que pronto se relacionó con la actividad literaria bonaerense. También con el mundo obrero argentino. Iniciándose los años 20, se enfrentaban a las revueltas obreras de Buenos Aires y de Patagonia. Son con estas crisis que comienzan a señalarse las primeras acciones de terrorismo estatal de la nación argentina. En este capítulo, casi 3000 personas fueron asesinadas y tiene lugar el único de los progromos habidos en América. El Libertario, revista de la Federación Libertaria Argentina (FLA) dice de Campio que era un hombre culto, equilibrado y cordial, que cultivó la amistad de colegas como Diego Abad de Santillán, José Planas, Danussi, Quesada y otros. Sirvió a la causa antifascista y libertaria de la España atacada por el totalitarismo entre 1936 y 1939.

Y fue así porque consiguió del diario cenetista Galicia Libre ser nombrado corresponsal de la Guerra Civil en Buenos Aires. Eso le acercó a futuras amistades y le sirvió también para acercar posiciones con José Lido, vigués como él, o para cruzar correspondencia con Federica Montseny. Sus intenciones cronistas de la revolución española fueron puestas en duda por todos aquellos que no le consideraron un cenetista ab origen, sino un oportunista que, habiendo vivido en Buenos Aires los años de la guerra, buscaba ser la voz del exilio aprovechando ser un exiliado de otra hornada.

 También tiene sus conflictos literarios con las editoriales que a veces le dificultan y otras le deniegan la publicación de estudios y antologías de José Martí o Miguel Hernández. Sin embargo, su capacidad de trabajo es innegable, y sus publicaciones críticas y antológicas de poetas latinoamericanos, y sus conversaciones epistolares con Juan Larrea, demuestran que no está sólo en la idea de una labor literaria continental americana. Su epistolario, que conserva el archivo de la Fundación, recoge conversaciones con los críticos literarios españoles como Federico de Onís o Ricardo Gullón, de las cuales puede extraerse su intención y su voluntad de constar como cronista destacado del exilio español en América. Abordar el exilio español poniendo en relieve el capital científico y cultural que cruzó el océano. Es este un asunto castigado inevitablemente hacia la idealización, pero la realidad dibuja de tantas diversas maneras como exiliados hubo, pues cada cual lo llevo a su manera y toda la organización inicial y la idea de un regreso pronto se va descomponiendo con el paso del tiempo.

 Campio también tiene su particular visión sobre el asunto y compone Poemas del destierro en torno a una serie de ensayos y meditaciones a nivel humano y artístico en lo fundamental e intercalando poemas de media docena de autores de quienes sorprende su elección. Del mismo modo, me sorprendió la acertada elección de poemas escogidos (recomiendo, de Vallejo, “Considerando en frío, imparcialmente”, aunque ninguno decepciona, y no es fácil en este género de poesía). Quizá el poema inicial de Garfias, “Entre España y México”, no pueda meterse entre los desconocidos, pero por lo general la selección de los poemas es lo más acertado del libro.

El resto se compone de una serie de reflexiones caracterizadas por el circunloquio y la confusión de ideas que nos traslada a una fecha difícil de precisar pero que no puede ser muy lejana al año de 1950 por ese tono pesimista y más mesiánico que esperanzado, seguro ya de su derrota y convencido de que todo lo perdido tendrá muy difícil recuperación. Y no sólo el regreso a España. El autor es consciente de que la edad de plata de la poesía castellana tiene un retorno imposible, que la dispersión de la ciencia entusiasta de principios de siglo no volverá a reunirse y se verá de nuevo soterrada por el dogmatismo católico. Las primeras reflexiones abordan cuestiones generales y nos hablan de la raza ibérica, de su historia, de su empresa transoceánica y de su capitalidad universal tanto en lo político como en lo literario. España se ofrece como un adalid y la revolución española queda expuesta como el camino seguido por el mundo obrero adquiriendo un protagonismo más romántico que cierto. La relación paternal entre España y el nuevo continente excede la justa medida y se acerca a una perspectiva sucesoria en la que el autor deposita en América la esperanza de dar continuidad al periodo álgido del primer tercio de nuestro siglo para nuestro país, nuestra idea libertaria, y, a buen seguro, para sus años de mocedad que jamás volverán.

 No diremos que algunas páginas, algunos retazos de la obra, dan muestra de una calidad literaria que es innegable en nuestro desconocido autor, pero por lo general las reflexiones se quedan sin conclusión y sin esperanza. La lectura de esta obra acelera en los tramos de prosa y de reflexión en busca de aquello que se nos prometió desde el título, poesía del destierro. No toda es del destierro, pero sí es cierto que ninguna de ellas defrauda, a mí al menos, y eso nos da cuerda para sacarle provecho a una reflexión que volvemos a decirla espesa, pero que nadie puede decir que sea equivocada. Singular la obra de Campio Carpio. Tanto como su personaje y sus andanzas. Disfrútenla.

Lolo Trives

Poesía del destierro, Campio Carpio. Ediciones Cenit. Toulouse (Francia): 1962.

Biblioteca Fundación Anselmo Lorenzo.