Reseñas

¿Para qué sirve la autoridad?

Y otros cuentos

Ricardo Flores Magón

A la vida y a la obra de Ricardo Flores Magón no le dejaron alcanzar los 50 años, pero su figura pública se alarga cada 16 septiembre, cumpliendo un año más desde que viniera la vida en Oaxaca el año de 1873. Hijo de una familia acomodada, pudo permitirse estudiar derecho y dar forma a su pensamiento para emplearlo en la defensa de la población más desfavorecida, lo que, muy tempranamente le puso frente a los poderosos de su país, primero, y frente a los de sus vecinos estadounidense después. México padecía la dictadura de Porfirio Díaz hasta que la revolución zapatista acabó con ella y con el tiempo el papel de los Flores Magón fue clave en el triunfo de la revolución. El hecho de que su hermano tomara asiento en el gabinete de gobierno de Maduro como ministro puede dar idea del rango revolucionario de los Flores Magón y también nos debe dejar idea clara de la integridad de nuestro autor, invitado varias veces a volver a su país con garantía de no sufrir los encarcelamientos que venía sufriendo en su país vecino y a cuyas invitaciones rehusó para no verse agradecido a su enemigo primero, que era el poder del estado.

Ricardo fue un hombre de pensamiento, de palabra y de acción. Hubo en él una peligrosa coherencia de la que se defendieron sus enemigos ocultándolo hasta la muerte y aún después. Sin embargo, de pocos años a esta parte, la recuperación y divulgación de su figura se está viendo favorecida, incluso, de la mano del gobierno mexicano. La excusa del centenario de su muerte ha servido para atender tanto al personaje como a su obra, porque en esta última sí hubo un lapsus de más de 50 años sin pasar por la imprenta. Otra más de las dificultades que los gobiernos mexicanos y estadounidense urdieron contra él para que su palabra no se hiciera demasiado pública; otra más, como el encierro en prisión en un estado de salud tan grave que solo podía tener la muerte como la única solución posible.

Fue desde allí que Ricardo procuró que su producción literaria fuera reunida y superase la breve vida de la transmisión oral, panfletaria y periodística. Desde los últimos años 10, con el fulgor revolucionario ya traicionado y sus líderes cercanos al final accidental de sus vidas, se puede observar una consciencia decidida en el mundo obrero de depositar y divulgar la ideología revolucionaria y la base de su pensamiento. El gremio editorial se pone al cargo y pronto vemos aparecer talleres editoriales con dicho propósito. El Grupo Cultural Ricardo Flores Magón fue un ejemplo en la ciudad de Aguascalientes. Se tiene constancia de su actividad desde el año de 1917. En principio, no parece clara la relación directa con el oaxaqueño y su nombre se debe muy probablemente al uso de los nombres de camaradas que habían caído o presos o muertos. Lo que sí es cierto es que ellos fueron quienes dieron cuerpo a las colecciones de cuentos que tenemos de Ricardo Flores Magón.

A su muerte, Nicolás T. Bernal toma del amigo de ambos, Librado Rivera, sus últimos papeles y el encargo de continuar haciendo biblioteca para el movimiento. La obra cuentística ve luz finalmente en 1923 y 1924 bajo los títulos de Sembrando ideas y Rayos de luz, siendo Bernal el primer editor y quien seguramente jugó el papel principal en la selección de los textos que vendrían a componer para la posteridad el corpus de cuentos de Ricardo Flores Magón. No tenemos datos del volumen de la tirada que suponemos bastante humilde a la luz de su posterior historia editorial.

Como dijimos, habrán de pasar 50 años para que la editorial La Antorcha desenterrara los cuentos de nuestro autor, que durante mucho tiempo permanecieron en viejas ediciones casi todas perdidas. Hoy su divulgación está garantizada gracias al afán bibliográfico y la divulgación digital de nuestros días (aconsejamos encarecidamente la consulta del archivomagon.net), pero la aparición de ¿Para qué sirve la autoridad? Y otros cuentos recuperó a mediados de los años 70 una obra que bien parecía perdida. Estos cuentos dejan traslucir a su autor y las distintas etapas de su vida carcelaria en los Estados Unidos. Su lectura desprende decepción ante un pueblo esclavo que desprecia la revolución, desprende misticismo en sus últimos textos, desprende fragor de mitin y convicción del discurso que le acompañó toda su vida.

La edición bajo la autoría discretamente anotada al pie de imprenta de Omar Cortés, reúne un total de 39 escritos que venía a reunir los publicados en los años 23 y 24 bajo los títulos ya dichos. A los escritos magonistas se añaden algunos preliminares. El primero es una nota editorial breve firmada por «El grupo editor» y donde se expone en cuatro párrafos la historia editorial de los cuentos de Magón. Le continúa el homenaje que dedicó a Ricardo su amigo Librado Rivera, y los prólogos aparecidos en las ediciones princeps de los años 20. La cubierta, sin otros colores sobre el blanco que el rojo y el negro, corre a cargo de miguel Ángel Guzmán. Qué duda cabe que ediciones como ésta hicieron de La Antorcha un proyecto editorial que cumpliría 50 años en este 2025 y que pese al fallecimiento cada vez más lejano de sus creadores Chantal López y Omar Cortés, no ha dejado de ser un referente magonista en el bloque de la izquierda más insumisa.

El resto del libro lo compone una reunión de 39 composiciones que apenas tuvo una tirada de 1000 ejemplares en la quinta edición de 1986, uno de ellos es el que se conserva en nuestro archivo. En ella se reúnen 39, llamémosles “cuentos”, en lo que a la talla de las ideas de nuestro autor se suma la virtud literaria de algunas piezas, como ocurre en «Expropiación», «Una muerte sin gloria» o «Justicia popular». Otros no son tan virtuosos en lo literario pero la exposición del ideario y el afán del revolucionario nos captan irremediablemente cuando abre su corazón y deja volar su sueño en el texto, algo que ocurre, por ejemplo, en «Dos revolucionarios». Quizá lo más exótico puedan ser las parábolas incluidas al final del libro y donde suenan ecos místicos difíciles de imaginar previamente a la lectura de esta obra. Es imposible no llevarse muchas sorpresas, buenas y regulares, pues la urgencia periódica, la genialidad de un autor como Ricardo, la rotundidad de sus mensajes, son las manos de alfarero que dan forma a este barro capaz de hacer que el agua siempre esté fresca.

Parece una suerte poder tener en tus manos la diversidad de todos estos cuentos reunida un ejemplar amarillento de 1986 que apenas tuvo una tirada de 1000 ejemplares y que seguramente la generosidad de alguna compañera ha incluido en el catálogo de nuestro archivo. Otra de las curiosas diversidades conservadas en nuestros archivos que nos permiten gozar del reconocimiento de nuestros investigadores y afines.

Lolo Trives

¿Para qué sirve la autoridad? Y otros cuentos, de Flores Magón. Ediciones Antorcha. México: 1976. Lo podéis encontrar en nuestra biblioteca de consulta.