Ha fallecido el compañero Borja

El 30 de enero fallecía en Canals (Valencia) el compañero José Luis Borja Sanz, que fue incinerado al día siguiente. Nacido en Montesa (Valencia) el 16 de setiembre de 1958, […]

El 30 de enero fallecía en Canals (Valencia) el compañero José Luis Borja Sanz, que fue incinerado al día siguiente. Nacido en Montesa (Valencia) el 16 de setiembre de 1958, el segundo de cuatro hermanos, siendo adolescente se fue a vivir a una población cercana, Canals, a donde se había trasladado su familia. Fue monaguillo. Asistió a la escuela hasta los 13 o 14 años y concluidos estos estudios primarios se puso a trabajar.

Cuando en los años 90 del pasado siglo se trasladó el comité nacional de CNT a Valencia, siendo el secretario general Vicente Villanova, le encargaron la secretaría de Patrimonio. Él y Antonio Soriano fueron los compañeros que tomaron de forma metódica, seria, consistente y obsesiva la búsqueda de documentación que acreditara qué locales pertenecieron a la Organización antes de concluir la Guerra Civil, que contaron con un grupo que investigaba en archivos y en la Administración y les pasaba información. En la casa de la huerta de Antonio se pasaron tantas horas revisando expedientes para poder recuperar los locales del patrimonio histórico sindical que hasta los relojes se cansaron de contarlas. Cuando finalizaron su labor, el trabajo lo continuó muy concienzudamente el compañero Juan Ariza en Córdoba. Gracias a su labor, la Organización recuperó algunos locales y otros fueron compensados económicamente por el Estado.

Fallecido ya Franco, cuando todavía no estaban legalizados los sindicatos ni los partidos políticos, las reuniones se hacían en la clandestinidad. Concluían en las actividades subversivas las distintas tendencias ideológicas, pero Borja se decantó por la CNT. Un conflicto laboral en la fábrica de pieles donde trabajaba le costó el despido.

Aunque su formación hasta entonces había sido muy básica, siempre fue un gran lector. Teniendo ya familia -compañera y dos hijos-, se animó a hacer el curso de acceso a la universidad para mayores de 25 años, se matriculó en Derecho y acabó la licenciatura. Trabajaba de día y asistía en Valencia a la Facultad en el turno de noche. Nunca ejerció de abogado, pero sus conocimientos jurídicos le facilitaban conocer mejor los trámites burocráticos y administrativos.

Fue un gran entusiasta e impulsor de la Fundación Anselmo Lorenzo, especialmente durante la presidencia de Ignacio Soriano, a quien conocía de la secretaría regional de CNT de Castilla y León. Fruto de su iniciativa se hicieron algunas entrevistas de historia oral a compañeros que habían vivido la Guerra Civil en el Levante, como Progreso Fernández (Valencia), Agustín Belda Carbonel (Alcoy) Álvaro Ponce de León (Alicante) o Francisco Navarro Alarcón (de Játiva), y fue el que les proponía que donaran sus bibliotecas a la FAL; unos tesoros que enriquecieron los anaqueles de la Fundación, entonces muy pobre en fondos documentales.

La CNT no era solo un sindicato. En la década de los 90 había un movimiento antimilitarista bastante intenso. Borja apoyó y ayudó a algunos insumisos al servicio militar, perseguidos por no querer aprender a matar hombres, a los que le podían caer años de cárcel. Fueron unos años difíciles para algunos compañeros que tuvieron que andar escondidos para evitar entrar en prisión. Se sufrió mucho, pero fue un movimiento no violento que consiguió que se eliminara el servicio militar obligatorio.

Tuvo una estrecha relación con Ricardo Sanz, que era de Canals, a donde había regresado tras la muerte del dictador. Sanz había dirigido la Columna Durruti, una vez fallecido éste, durante la Guerra Civil.

Borja fue siempre un compañero dialogante, abierto, no era dogmático. Le encantaban las tertulias, los debates apasionados, las prolongadas llamadas telefónicas para arreglar el mundo. No era de escribir. Empedernido lector, le encantaba el cine. Sus temas preferidos eran la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración nazis, asuntos en los que era un gran conocedor. Admiraba a personajes singulares que habían arriesgado su vida por realizar hechos heroicos, como Manuel Huet o César Orquín, poco conocidos.

Trabajó en el campo recogiendo naranjas, aceitunas; en la construcción como peón, en el comercio… Con sus dos hermanos pequeños montó una empresa agrícola en El Rocío (Huelva) dedicada al cultivo de fresones, arándanos, frambuesas… que le proporcionó estabilidad económica. El empresario anarcosindicalista era un oxímoron muy acertado para definirle. Era generoso y no le gustaba el protagonismo. Financió varios proyectos libertarios, uno de ellos el del documental El ángel rojo, sobre Melchor Rodríguez. El director, Alfonso Domingo, necesitaba recursos económicos para poder finalizarlo y Borja le hizo un donativo para que lo concluyera. No quería aparecer en los créditos.

Hace algo más de una década tuvo un shock cardiogénico y estuvo casi 60 días en coma. Cuando ya se tenían perdidas todas las esperanzas, despertó. Le operaron del corazón y llevó una vida relativamente normal, con mucha medicación y seguimiento de los especialistas. En 2023 sufrió un ictus que le dejó hemipléjico y perdió el habla; entendía todo lo que se le decía, asintiendo con un pestañeo, pero no podíamos conocer lo que pensaba.

Salud, compañero, y gracias por todo lo que hiciste para que pudiéramos vivir en un mundo mejor.

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