Bin Laden, mentiras y cintas de video
De nuevo
nos vemos inmersos en una nueva guerra. Desde el fin de la Guerra Fría,
los Estados Unidos de Norteamérica han intervenido militarmente
en Irak, Somalia, Yugoslavia y Afganistán. Estas acciones bélicas
siempre se han presentado como operaciones humanitarias, cuyo único
objetivo era salvar vidas y defender las libertades. Ahora bien, la
realidad de los hechos no confirma lo anteriormente dicho; es más,
las guerras e intervenciones armadas de Estados Unidos y sus Aliados
han extendido de forma brutal la muerte y el sufrimiento a países
pobres y hambrientos. ¿Pero de qué manera las potencias
occidentales lo han justificado? Y, lo que es más importante,
¿qué mecanismos de control de la información han
puesto en marcha las élites del primer mundo?
Las
élites determinan lo que es noticia
Edward
Herman y Noam Chomsky opinan que existe un modelo de 5 filtros mediante
los cuales los poderes económico-mediáticos y políticos
estadounidenses logran cribar las informaciones aptas para la publicación,
logrando hacer llegar su mensaje a las masas, y a la vez silenciando
y marginando a los descontentos.
El primer
filtro está ligado a la propiedad de los medios de comunicación,
cuyos dirigentes son gentes acaudaladas y a menudo ligadas a otras empresas.
La CBS, por ejemplo, está fusionada con Westinghouse; y la General
Electric es propietaria de la cadena NBC. Tanto Westinghouse como General
Electric tienen fuertes intereses en la industria nuclear y del armamento.
El segundo,
tiene que ver con la publicidad. Los medios no han de demostrar beligerancia
con las empresas fuertes, pues corren el riesgo de verse privadas de
una de sus principales fuentes de ingresos. En 1999, British Telecom
advirtió al Daily Telegraph que retiraría su publicidad
si no cesaban una serie de artículos críticos con la compañía.
El periodista fue despedido.
El tercer
filtro se relaciona con las fuentes de las noticias. Según esto,
los medios de información han establecido dos tipos de fuentes:
la segura, que proviene de organizaciones comerciales, empresariales
y del poder político, y la poco fidedigna que tiene su origen
en partidos y sindicatos combativos, huelguistas, manifestantes, presos,
los sin techo...
El cuarto
filtro es el denominado flak (fuego antiaéreo). Consiste en dar
respuesta a las afirmaciones de los medios. Para ello, en los Estados
Unidos (así como en otros países) contratan los servicios
de empresas de relaciones públicas, que crean los llamados «grupos
de contraste». La Burson-Martsteller, por ejemplo, creó
la Coalición del Clima Global (una organización aparentemente
preocupada por el medio ambiente) constituida entre otros, por Exxon,
Texaco y Ford, cuyo objetivo es minar la credibilidad de ecologistas
y científicos climatólogos, tachándolos de alarmistas.
Durante
los recientes bombardeos de Afganistán, el Pentágono contrató
a Rendon Group para mejorar su imagen y acallar las voces críticas.
Las herramientas que utilizaron fueron dos:
1- Webs
de «espontáneos» en Internet que alentaban los
sentimientos vindicativos.
2- Grupos
de contraste que analizaban las noticias aparecidas en los medios
de información y daban respuesta a aquellos que eran contrarios
o tibios a la acción militar llevada a cabo. Las iniciativas
de los grupos de contraste toman la forma de cartas, telegramas, querellas
e incluso amenazas.
En el quinto
filtro se ridiculiza, sataniza o censura al disidente. Generalmente
se desecha el tema no rebatiendo el argumento, sino criticando al disconforme:
«Siempre se está quejando, es un irresponsable...»
y sobre todo poniendo mucho énfasis a la hora de presentarlo
como una persona resentida, furiosa, extremista...
Breve
panorama de los contenidos mediáticos
Haremos
un sucinto resumen de ciertos aspectos ideológicos de tres conocidos
programas de televisión:
1- Gran
Hermano. Es un programa que se desarrolla en un espacio controlado
por cámaras que recuerda a una cárcel o a un cuartel,
y en el que se da al espectador la impresión de ser a la vez
juez y guardián. También le da al televidente una sensación
de superioridad (muchas de las cámaras se sitúan en
los techos) y potencia la vigilancia, la sumisión y el conformismo.
2- Operación
Triunfo. Da la oportunidad al espectador de dejar el anonimato y convertirse
en una estrella. Moraleja: la sociedad liberal te abre todas las puertas,
si no triunfas en la vida es porque no quieres.
3- Jerry
Springer Show. Es uno de los programas de más éxito
en los Estados Unidos. En él los participantes dan a conocer
a la audiencia y a sus familiares intimidades, secretos de familia
o de pareja. Se presentan hechos relacionados con la existencia individual,
haciendo abstracción de toda problemática social o política.
Este tipo
de emisiones tienen un denominador común y es que elevan lo anómalo
a la categoría de normal, dando como resultado una confusión
en la que el espectador no sabe si está asistiendo a un hecho
real o a una creación ficticia, haciendo que el televidente traslade
esa sensación a otros ámbitos de la realidad. Como ejemplo
de esa desorientación, tenemos las filmaciones de los aviones
estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York: en un
primer momento fueron muchas las personas que pensaron que se trataba
de un montaje.
Otro aspecto
a tener en cuenta es que este tipo de espacios mantienen al público
ocupado en trivialidades, pero nunca nos informan sobre las estructuras
de poder y las fuertes desigualdades sociales y regionales.
El mundo
que nos presentan esos programas es totalmente irreal, fomentan el autismo
social del individuo y proyectan una imagen distorsionada de la vida
cotidiana, pues no olvidemos que controlando el modo en el que el hombre
ve su mundo, se llega a controlar su comportamiento.
Guerra y propaganda
En un estado
de guerra, la propaganda está hermanada con la marcha de los
acontecimientos bélicos. Consigue sus máximos efectos
cuando el público la confunde con la información. Es impensable
poner en marcha la maquinaria de guerra sin antes haber puesto en pie
toda una superestructura ideológica que dé cobijo y justifique
el desarrollo de una política tendente a extender la hegemonía
de una potencia como la estadounidense. Intentaré señalar
algunos de esos argumentos:
1- La primera
idea que se lanza es que la libertad está amenazada. Para defenderla,
Occidente debe organizar una cruzada, y, claro está, para llevarla
a cabo hay que interpretar ciertas leyes a la luz de los nuevos tiempos
de guerra. En este nuevo escenario, y fruto de la doctrina del clan
del petróleo y del armamento («o se está con nosotros
o contra nosotros»), los diferentes servicios de seguridad no
hacen distinción a la hora de vigilar a todo grupo que haya mostrado
su desacuerdo con la guerra. Como ejemplo citaré a las Mujeres
de Negro, que llevan a cabo acciones pacifistas en los Balcanes y en
Palestina y que han sido calificadas por el FBI como «potenciales
terroristas».
Todo problema
social, político o de desigualdad entre el primer y el tercer
mundo es vaciado de toda carga movilizadora, desviándolo al campo
de la seguridad del Estado, donde es interpretado en clave de amenaza
para las libertades. Uno de los encargados de llevar a cabo dicha cruzada
contra el «mal» (observemos cómo se utilizan categorías
morales para explicar fenómenos que tienen su origen en el marco
de la política y en la extrema pobreza de la mayor parte de la
Humanidad), es el embajador de los Estados Unidos de Norteamérica
en la ONU, John Negroponte. Este señor fue, durante los años
80, el encargado de supervisar la represión política en
Honduras, que dejó un largo rastro de muertos y desaparecidos.
También se encargó de las operaciones antisandinistas
(calificadas de «uso ilegítimo de la fuerza» por
el Tribunal de Justicia Internacional).
2- La segunda
idea es que la guerra se hace para salvar vidas humanas amenazadas por
regímenes enemigos. Para ello se difunden noticias sobre las
situación de los kurdos iraquíes, de las Torres Gemelas,
de los albaneses de Kosovo, de las mujeres afganas, con imágenes
que estremecen
los corazones. Pero el tratamiento mediático que se da a hechos
similares (masacres, violación de derechos humanos, atentados)
protagonizados por gobiernos o grupos aliados de Occidente, es completamente
diferente. Apenas se citan a los kurdos de Turquía, a los serbios
de Kosovo, o a las víctimas de las dictaduras hispanoamericanas.
Deberíamos pensar que si algún principio es aplicable
a nuestro antagonista, también lo es para nosotros. Pero no,
lo que vienen a decir es que hay dictaduras buenas y dictaduras malas,
terrorismos buenos y terrorismos malos.
3- La tercera,
es que hay pruebas que acusan a varios grupos terroristas y gobiernos
de cometer atentados o querer desencadenar un conflicto:
a) Pruebas
contra Bin Laden. En un primer momento, las «evidencias»
sólo fueron mostradas a los gobiernos aliados de la coalición.
Aún no se han dado a conocer. Luego muestran los videos en
los que, al parecer, los miembros de Al Qaeda se filman a sí
mismos conspirando y planeando ataques. Posteriormente, los norteamericanos
van encontrando las filmaciones.
b) Pruebas
contra Irak. Los Estados Unidos de Norteamérica acusan a Irak
de poseer armas de destrucción masiva, con las cuales ponen
en peligro a todo el mundo. A principios de 2002, Hans von Sponeck,
coordinador de la ONU para la ayuda humanitaria a Irak, escribió
que «Irak hoy no es una amenaza militar para nadie. Las agencias
de inteligencia lo saben». Scott Ritter, ex inspector de desarme
de la ONU, escribió en The Guardian (19-03-01) que «los
programas de armas biológicas en Irak fueron desmantelados
y destruidos». Denis Halliday, que dirigió el programa
de la ONU «petróleo por alimentos», describe la
política de Estados Unidos y Gran Bretaña en Irak como
«genocida» y causante de la muerte de 500.000 niños.
Jatta Burghardt, directora del Programa Mundial de Alimentos en Irak,
declaró tras su dimisión que lo que se estaba haciendo
a los irakíes era intolerable. Ninguno de los grandes medios
de información ha vuelto a recoger este tipo de informaciones
tras el 11 de septiembre.
También
se acusó en un primer momento a Irak de los ataques con ántrax.
Más tarde se comprobó que el ántrax resultó
ser de una variedad desarrollada en los Estados Unidos y de una cepa
diferente a la vendida por una empresa de Maryland a Irak hace años.
La cuestión
de fondo vuelve a ser la hegemonía de los Estados Unidos en Medio
Oriente, con claros objetivos de control de la producción de
crudo y geoestratégicos.
4- Cuarta
idea: son operaciones militares limpias. Las consecuencias directas
de las guerras son por todos conocidas, y dejan tras de sí una
larga secuela de muertos, principalmente civiles, no voy a extenderme
más. Pero son menos llamativas las consecuencias indirectas.
Antes de la guerra, Afganistán dependía del suministro
de alimentos por parte de organizaciones internacionales. Tras los bombardeos,
la situación ha empeorado, ya que se ha interrumpido el abastecimiento
(las peticiones de alto el fuego para que llegue la ayuda humanitaria
realizadas por la ONU han sido desoídas) y según la ONU
hay en estos momentos más de 7 millones de hambrientos.
En 1998,
Clinton ordenó bombardear la principal industria farmacéutica
en Jartum, tras informar de que se trataba de una planta dedicada a
la fabricación de armas químicas. Posteriormente se comprobó
que no era cierto. Según algunos investigadores independientes
y la Embajada de Alemania en Sudán, la interrupción del
suministro de medicinas provocó
decenas de miles de muertos.
5- La quinta
idea es que se está luchando contra el tráfico de drogas,
llevado a cabo por los talibanes. El Programa de la ONU para el control
de las drogas anunció el año pasado que la producción
de opio descendió en un 94%, en parte debido a la prohibición
dictada por el jeque Omar. En el momento de empezar la guerra, la mayor
parte de la producción provenía de la Alianza del Norte.
También se oculta el hecho
de que fue la CIA, durante los años 80, quien favoreció
el cultivo de opio como medio de financiación de las guerrillas
antisoviéticas en Afganistán.
Conclusión
En 1996,
año en que los talibán entran en Kabul, el Wall Street
Journal declaró: «Los talibán son el grupo más
capacitado para conseguir la paz. Además, su papel fue esencial
para lograr que el país esté disponible como ruta principal
para el transporte de las enormes reservas, de petróleo, gas,
y otros recursos naturales de Asia central.»
Cinco años
después, se oyen en Estados Unidos frases como «Vamos a
bombardear Afganistán hasta que vuelva a la Edad de Piedra».
El problema es que Afganistán estaba en la Edad de Piedra antes
de iniciada la guerra. El problema son las terribles desigualdades entre
el primer y el tercer mundo, y cómo las potencias quieren perpetuar
este estado de injusticia, haciéndose con el control de los recursos
humanos y materiales del mundo, sumiendo a la mayoría de la humanidad
en el hambre. Que no nos obliguen a elegir entre Bush o Bin Laden, que
no nos engañen diciendo que no hay alternativa. Sí hay
alternativa, que es la paz y la solidaridad entre las personas y los
pueblos. Para terminar, voy a citar a Aristóteles: «Hay
que preferir lo que es imposible, pero verosímil, a lo que es
posible, pero inverosímil.»
Pablo
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