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Recorte de libertades en prisión

Quisiera hacer un breve repaso desde mi doble perspectiva de trabajadora de dicho medio y compañera de una persona encarcelada más de la mitad de sus 36 años.

Comencé a trabajar en el medio penitenciario hace casi 15 años en el CP de Bilbao. El trabajo de un equipo médico dentro de una prisión se supone que debe estar al margen de todo tipo de torturas y represiones, pues el juramento hipocrático y los valores éticos que ha de tener una persona que, en teoría, ha de velar por la salud y el bienestar de las personas le han de colocar por encima de carceleros y mercenarios, sin más principio que el de pillar el sobre a fin de mes.

Al frente del equipo médico de Bilbao estaba un elemento, cuanto menos, peculiar: un tipo aficionado a practicar el levantamiento de vidrio que, si bien no participaba en torturas, hacia sus propios negocios por allí mismito. Allá por 1992, fui a parar al CP de Santoña, El Dueso, allí, y dirigido por el bueno de José Ignacio Bermúdez, me encontré con un autentico centro de exterminio.

Un año antes, el insigne torturador Antonio Asunción había creado con el beneplácito de IIPP un sistema para que los presos molestos, reivindicativos, o que simplemente eran capaces de pensar por sí mismos, fuesen «apartados de circulación», este sistema era el FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). Ahí encerraron en condiciones infrahumanas y con el único fin de ser aniquilados, bien por autodestrucción, o bien con ayuda, a todo aquel preso que osase cuestionar las normas.

Para crear este sistema se basó tanto en las cárceles alemanas en las que la BMH fue aniquilada, como en la película El silencio de los corderos, donde al protagonista se le daba como único vestuario un mono de trabajo y unas chanclas de goma, sin permitírseles acceder a ningún tipo de escuela, ni poseer en sus celdas-agujeros más de un par de libros de una lista no muy extensa, ni ver a ningún otro compañero, ni salir al patio con nadie, cada uno solito durante 1 ó 2 horas después de ser cacheados integralmente, tanto ellos como sus celdas. A todo ello había que añadir las palizas diarias, las sesiones de RX casi a diario, pretextando motivos de seguridad, durante las cuales además de permanecer desnudos eran encadenados con varios metros de cadena a la cama del aparato. Lo tremendo del caso no es tanto que unos vulgares carceleros se encargasen de este cometido, lo tremendo era la participación del equipo médico, a cuyo frente se encontraba Enrique Acín, Menguele, llamado así por sus métodos nazis de practicar la medicina.

Allí me encontré por primera vez con el que hoy es mi compañero, Juanjo, un resistente y un luchador contra el sistema exterminador, al que pese a los años de represión y torturas no han conseguido doblegar.

El primer saludo que tuve de Menguele fue: «oye moza, ¿ves estas carpetas médicas aparte? Pues que sepas que esos son unos hijos de puta a los que hay que tratar como los perros que son». Primer encontronazo y primera movida, no la última, claro, porque el hecho de que fuese capaz de acercarme al módulo FIES y entablar una relación agradable con los prisioneros, charlar con ellos, tratar de que pese a la situación tuviesen, al menos por mi parte, una asistencia sanitaria lo más digna posible, se contradecía con las consignas imperantes en el centro. Claro, además, con mis visitas como testigo de la situación siempre era un pelín más difícil dar una paliza o tener atado a la puerta a un tío en pelotas. Así que tal situación no podía durar y por un lado me prohibieron salir del módulo de enfermería y, por otro, me expedientaron alegando, entre otros desatinos, que yo me había negado a dar la medicación a los FIES precisamente.

El tándem Bermúdez-Menguele gozaron como enanos, sin embargo, y a través de APDH y SALHAKETA, se movió el tema, se giró una visita a El Dueso, y al final dicho módulo fue cerrado.

Mientras tanto en mi expediente se grabó a fuego, of course, cuán peligrosa terrorista era yo, fama que me sigue acompañando hasta el día de hoy. Punto y aparte merece el hecho de que Juanjo y yo decidiésemos tener una relación sentimental estable (y feliz). Todo fueron inconvenientes, empezaron coartando nuestra libertad a la hora de comunicar y prohibiendo nuestros vis à vis (aún hoy no nos lo han autorizado desde Madrid), hubo que perder unos meses solicitándolo al juez. Cuando nos trasladamos a la comunidad valenciana a vivir, Juanjo fue trasladado a Asturias, (1.000 km de distancia), otra vez la reinserción y resocialización, cuando comenzó a hacer crítica penitenciaria desde diferentes periódicos alternativos, lanzaron desde revistas de gran tirada, como Interviu, que ETA fichaba a los presos más peligrosos, entre ellos, Juanjo. En este país de borregos, incapaces de pensar, la mejor forma de acabar con una persona es acabar con su honor, aunque sea una persona que está presa, que es de las pocas cosas que le pueden quedar allí dentro.

No satisfechos, nos impedían la comunicación de convivencia, que consiste en varias horas seguidas cada 3 meses, alegando que no estábamos casados, pero cuando intentábamos casarnos, desde Madrid llegaban consignas para impedirlo. Al final lo conseguimos, y conseguimos que fuese dentro de lo que cabe a nuestro gusto.

Juanjo lleva un montón de años currando de forma autogestionada, sin pedirles nada a ellos, estudiando, escribiendo libros, artículos, haciendo cerámica, en fin, tratando de prepararse para el momento en que salga a la calle. Supongo que lo que les duele es que no les pide ni un folio para realizar su trabajo y que, pese a eso, tiene trabajo, expone, publica, etc. Supongo que si fuesen inteligentes podrían vender el tema diciendo cómo la institución le ha rehabilitado, que no es cierto que ellos torturen, dado que los presos y los trabajadores se enamoran, pero las neuronas las deben tener de vacaciones.

El año pasado, y con motivo de la publicación de uno de los artículos-denuncia, le metieron DOS PARTES, DOS, alegando que filtraba datos falsos y que atentaba contra la seguridad, todo por denunciar las muertes en prisión, la malversación de fondos y decir que el director era un esquirol. Todo ello le va a suponer unos meses más en prisión. Le quitaron el ordenador y han tardado un año en dársele pese a tenerlo comprado, y autorizado y todos los «ados» imaginables. Con ello no han conseguido que deje de escribir, me dicta los artículos por teléfono, y yo los transcribo y envío, pero sí le jorobaron el curso académico el año pasado, pues tenía sus apuntes en el aparato. Otro ejemplo de sus métodos. De paso, a mí, por denunciar el mamoneo con las 200.000 pts. que tuve que ingresar para comprar el dichoso ordenador, me abrieron un expediente en el que me piden un año de suspensión por faltar al respeto a un individuo que estaba manipulando un dinero que necesitábamos para otras cosas.

En fin, la lucha continúa, y continuará porque no vamos a aceptar su «reinserción», consistente en decir «sí señor funcionario» e inclinar la cabeza como bueyes mansos. Necesitaríamos luego, una vez en la calle, reinsertarnos de su reinserción.

Actualmente, mi compañero se encuentra en la prisión de Huelva, la más alejada de nuestra casa granadina, pese a que a escasos 5 km existe otra. Claro que en Huelva está otro insigne torturador, Francisco Sanz, de infausto recuerdo allá por donde pasa.

Nada más llegar fue despojado de todos sus útiles de pintor, claro, debe de ser, que un sacapuntas se puede transformar en algún instrumento peligroso, lo mismo que las gomas de borrar o las pinturas, lleva casi seis meses sin poder pintar, lo cual para un artista supone tanta tortura como no poder menearse o no comer. Claro, Juanjo no va a recibir una paliza, porque nos tiene a un montón de gente pendiente de su situación y no es un pobre hombre sin familia. Así que las torturas y la represión ha de ser más sutil: no crees arte y belleza, no te permitimos ver a tu mujer e hijos, que se han hecho 350 km hasta aquí, alegando que han llegado cinco minutos tarde, no dejo que te vea tu padre, alegando que pese al DNI no presenta libro de familia, te doy el ordenador, pero te lo quito a los pocos días alegando una revisión estúpida y de paso tampoco puedes escribir ni estudiar.

La lista se podría alargar más y más, pero os lo podéis imaginar, que siempre os quedaréis cortos.

De todos modos nos consideramos unos privilegiados, pues Juanjo tiene una familia a su lado y un montón de amigos que le regalan algo tan preciado como su amistosa solidaridad, y su condena siempre será infinitamente más corta y leve que la de sus carceleros, porque ellos cumplen a perpetuidad y cuando se jubilen seguirán siendo lo que sólo han sabido ser y, además, tan sólo podrán retener allí su cuerpo, no su alma ni su voluntad ni su dignidad, porque pese a los mil y un torturadores que le circunden es y será siempre UN HOMBRE LIBRE.

María del Mar

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